domingo, 2 de noviembre de 2025

Influencia de la Universidad Central de Venezuela en la arquitectura moderna

    La "Universidad Central de Venezuela" es la institución educativa más antigua de la nación. Su historia es una crónica de transformación, que va de ser un claustro colonial a un centro de vanguardia mundial.


    La UCV nació con una identidad dual. Si bien su antecedente fue el "Colegio Santa Rosa de Lima", el verdadero acto fundacional ocurrió el 22 de diciembre de 1721, cuando el rey Felipe V le dio su sello. Era la "Real y Pontificia Universidad de Caracas", lo que significaba que el conocimiento en ese entonces estaba firmemente atado a la monarquía y la Iglesia.
    El Voto por la Libertad es un hecho trascendental, ya que en la sede original de la universidad se firmó el Acta de la Independencia en 1811.

    En el año 1827, Simón Bolívar, junto con el apoyo de José María Vargas, reformó la institución a través de los "Estatutos Republicanos". Este fue un acto de soberanía:

  • Le quitó el carácter religioso y monárquico.
  • Le dio el nombre de "Universidad Central de Venezuela".

    La UCV pasó del viejo Convento de San Francisco a su hogar actual, "La Ciudad Universitaria de Caracas", que la catapultó a la modernidad global.

    "El Sueño de Villanueva" fue diseñado por el maestro "Carlos Raúl Villanueva"; la construcción finalizó alrededor de 1953. No era solo un conjunto de edificios, era una declaración arquitectónica conocida como la "Síntesis de las Artes". Cada pared y plaza estaba pensada para integrar el arte y la vida académica. En el año 2000, la Universidad Central de Venezuela fue reconocida por la UNESCO como patrimonio de la humanidad, un testimonio del genio venezolano que sigue en pie.

 La UCV en el proceso histórico venezolano

  El nacimiento mismo de la Universidad de Caracas, el 22 de diciembre de 1721, representó uno de los acontecimientos de mayor importancia de todo el periodo colonial venezolano, comprendido entre los siglos XVI y principios del XIX, tratándose este de un proceso muy complejo, que significaba principalmente que la sociedad colonial venezolana había alcanzado un grado de madurez interna que le permitía aspirar y obtener del rey Felipe V la aprobación de la elevación del Colegio Seminario de Santa Rosa de Lima hacia el estatus de Real Universidad de Caracas (luego se agregó "Pontificia" por Bula de Inocencio XIII en 1722), todo ello impulsado por una sociedad políticamente liderada por alcaldes y regidores del ayuntamiento caraqueño, el rector y los profesores del antiguo Colegio de Sta. Rosa de Lima, el obispo, su jerarquía eclesiástica, productores agrícolas, comerciantes y funcionarios españoles, siendo lo mencionado en concordancia con los cambios y las reformas con los que la dinastía de los Borbones pretendió reorganizar y modernizar a España y sus posesiones ultramarinas. Cambios que se expresaron en nuestra Venezuela con innovaciones representadas tanto en la creación de la nueva Universidad como con la fundación de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas en 1728 y de la Capitanía General de Venezuela en 1777. Conjugándose todo ello en las bases estructurales internas y externas de la nueva nacionalidad venezolana que ya estaban preparadas para asumir la senda independiente y republicana a partir de la crisis iniciada en 1810. Entre 1725 y 1821, la Universidad de Caracas, hoy UCV, graduó 2.756 de sus estudiantes, bachilleres, licenciados, maestros y doctores, conformándose el grupo profesional sobre cuyas bases se construyó el proceso de la independencia y las instituciones republicanas. Desde Andrés Bello y Francisco de Miranda hasta Juan Germán Roscio y José María Vargas, entre otros próceres, pasaron por las aulas de la universidad caraqueña, ilustrando al resto de la sociedad sobre el camino y las instituciones necesarias para superar la crisis de la emancipación.

    El comienzo del siglo XX, aparte del terremoto de 1900, no trajo para Venezuela cambios significativos en lo relativo a la dirección hacia la modernidad y la democracia, pues, al contrario de ello, la Revolución Liberal Restauradora de 1899 insertó en el poder a los tiránicos caudillos andinos hasta 1935, profundizándose con los generales Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez los mecanismos de opresión, como lo fueron la clausura de la UCV, la cárcel, el exilio, la tortura y la muerte contra sus opositores, llegándose hasta unos límites inéditos. Con base en la experiencia de los tiempos de Guzmán y Crespo, la Universidad Central respondió nuevamente con manifestaciones cívicas de protesta de intensidad creciente, desde la recordada “Sacrada” de 1901, las protestas y la huelga universitaria contra las Reformas del Rector Guevara Rojas en 1912, el apoyo al golpe cívico/militar de 1919, la rebelión de los Tranvías Eléctricos de 1921 y finalmente la revuelta estudiantil de 1928.

     El conflicto emancipador que abarca para Venezuela el periodo entre los años de 1810 a 1821, comprometió a la Universidad de Caracas a liderar un proceso, civil antes que militar, que junto al protagonismo del Ayuntamiento de Caracas, se desarrolló principalmente como un movimiento reivindicador de la soberanía venezolana en un ámbito de gradual evolución política desde la actitud conservadora de los derechos de Fernando VII el 19 de abril de 1810 hasta la declaración plena de la independencia republicana el 5 de julio de 1811. En manos de los civiles municipales y universitarios se levantó la Primera República y, dolorosamente, en manos militares se perdió en 1812 con eventos como los de Puerto Cabello, Coro y San Mateo. Por ello, en la sesión del Claustro Pleno Universitario del 09 de julio de 1811, la Universidad de Caracas se incorporó, bajo la presidencia del Rector Dr. José Vicente Machillanda, a reconocer y respaldar “la independencia absoluta de la Provincia de Venezuela de toda otra potestad que no emane de la voluntad libre y general de sus pueblos”, emitiéndose un Acta que reposa hoy en el Archivo Histórico de la UCV, cuyo gran valor jurídico y político llevó, el 30 de septiembre. de 1812, a que el Capitán Domingo Monteverde, jefe militar de las fuerzas realistas que reconquistaron Caracas, presionara al Claustro universitario para tachar de sus libros el contenido proindependentista de la trascendente Acta. El valor del pronunciamiento universitario radicaba, no solamente en el peso específico de la institución en el contexto nacional e internacional, sino en la cualidad supletoria que dicha acta encarnaba con la desaparición física del Acta original de Independencia emitida por el Congreso de 1811. En suma, debemos destacar que la Universidad puso sus hombres: estudiantes y catedráticos, sus espacios: la Capilla y las aulas universitarias, y su opinión institucional a favor de la causa republicana, liberal e independiente. Todo ello a un elevado costo en vidas, cárcel y exilio, sin detenerse en el cumplimiento de sus actividades académicas, egresando entre 1811 y 1821 la cifra de 225 graduados, contrastando con ello con la mayoría de las universidades hispanoamericanas que permanecieron cerradas durante las fases más agudas del conflicto emancipador.

    Consolidada la independencia política de Venezuela en 1821 y separada luego de 1830 del fallido proyecto bolivariano de la llamada Gran Colombia, la Universidad Central de Venezuela asume lentamente un proceso de adaptación al modo de vida republicano, iniciado formalmente con la aprobación de los nuevos Estatutos Republicanos de 1827, elaborados por el Claustro y por el poder ejecutivo nacional asumido entonces por un Simón Bolívar que hacía su última visita a Caracas. Aunque se conservaron muchos elementos ceremoniales y formales de la antigua Universidad colonial, los nuevos Estatutos acabaron con la discriminación social y racial en el ingreso a los estudios y la docencia universitaria. Igualmente, y por iniciativa del Libertador, la Universidad de Caracas recibió bienes inmuebles, entre ellos las mejores haciendas de cacao del país, para permitirle a la institución disponer de las rentas suficientes para su funcionamiento y crecimiento.

    Por todo ello, una nueva universidad autónoma en instituciones y recursos se perfilaba bajo la guía rectoral del Dr. José María Vargas en la década de 1830 y que se proyectaría hasta la década de 1870, con el rectorado del Dr. Alejandro Ibarra hacia una nueva etapa de contradicciones, siendo un tiempo cuando la vida universitaria comenzó a crecer y desarrollarse en el número de profesores y estudiantes, lográndose entonces la extraordinaria suma de 4.097 graduados entre 1870 y 1900. Este ambiente de crecimiento, pero también de desarrollo crítico, cientificista y experimentalista, animado en parte por el ambiguo modelo de positivismo asumido por los académicos venezolanos, desde Adolfo Ernst y Rafael Villavicencio hasta Luis Razetti y Elías Toro, entre otros, es un escenario de progreso que no se correspondió con en el contexto político nacional, sin contar con un clima de libertad ciudadana ni de evolución democrática, pues contrariamente a ello, se inició con el régimen del Gral. Antonio Guzmán Blanco y seguidor del Gral. Joaquín Crespo, entre 1870 y 1898, el establecimiento en Venezuela una “tiranía liberal”, bajo cuya sombra la Universidad sufrió el despojo de su autonomía y de su patrimonio material heredado de tiempos coloniales y de los inicios republicanos. Tales despojos fueron precariamente compensados ​​por remodelaciones en las edificaciones y algunos decretos y recursos presupuestarios; ante lo cual la UCV respondió con el arma de la protesta cívica con movimientos estudiantiles tan recordados como la “Delpinada” (1885) y finalmente con las violentas manifestaciones de 1889 cuando ciudadanos y estudiantes derribaron las estatuas erigidas en adulación a la tiranía guzmancista. La resistencia universitaria a los regímenes autoritarios estaba naciendo en la Venezuela de las últimas décadas del siglo XIX.  

  El comienzo del siglo XX, aparte del terremoto de 1900, no trajo para Venezuela cambios significativos en lo relativo a la dirección hacia la modernidad y la democracia, pues, al contrario de ello, la Revolución Liberal Restauradora de 1899 insertó en el poder a los tiránicos caudillos andinos hasta 1935, profundizándose con los generales Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez los mecanismos de opresión, como lo fueron la clausura de la UCV, la cárcel, el exilio, la tortura y la muerte contra sus opositores, llegándose hasta unos límites inéditos. Con base en la experiencia de los tiempos de Guzmán y Crespo, la Universidad Central respondió nuevamente con manifestaciones cívicas de protesta de intensidad creciente, desde la recordada “Sagrada” de 1901, las protestas y huelga universitaria contra las Reformas del Rector Guevara Rojas en 1912, el apoyo al golpe cívico/militar de 1919, la rebelión de los Tranvías Eléctricos de 1921 y finalmente la revuelta estudiantil de 1928. Aunque el saldo de más de tres décadas de cruenta lucha no logró demoler las estructuras tiránicas, sí dejaron los líderes, las bases conceptuales y prácticas para el desarrollo posterior de la cultura política moderna y democrática que se establecería progresivamente en el poder en Venezuela de 1936 en adelante. Son los nombres de líderes de origen universitario y de la Federación de Estudiantes de Venezuela, quienes encabezan los primeros pasos de la política moderna y de la incorporación democrática de las masas en el juego del poder. No se trata de recordar solamente las figuras de Jóvito Villalba y Rómulo Betancourt, entre otros, de la llamada generación de 1928, sino principalmente destacar la importancia de la incorporación de los 3.321 egresados ​​de la UCV, entre 1901 y 1935, a los diversos ámbitos de la vida nacional, llevando cada uno de ellos el espíritu ucevista y sus conocimientos científicos, técnicos y humanistas en pro de la verdadera transformación de Venezuela. Caudillos y militares tuvieron desde entonces que enfrentar esa nueva alternativa política real, pues no fue Juan Vicente Gómez quien acabó con los caudillos, sino los universitarios y líderes modernos quienes los suplantaron en el protagonismo histórico.

    Reforma y Revolución, como medios y con las metas de la modernidad y la democracia representativa y protagónica, acompañaron la evolución política y universitaria venezolana desde 1936 hasta la primera década del siglo XXI. Podemos señalar que el principal aporte de la UCV a estos procesos radica en los 216.686 egresados ​​de pregrado y postgrado que han salido del Paraninfo o del Aula Magna entre 1936 y 2009, cifra asombrosa si la comparamos con los apenas 23.000 que se graduaron en los dos siglos anteriores. Las reformas universitarias que comenzaron en 1937 bajo la dirección del Dr. Antonio José Castillo buscaban recuperar poco a poco la autonomía de las universidades, mejorar las ceremonias universitarias y modernizar los estudios científicos, todo dentro de una estructura adecuada para el contexto material de una ciudad universitaria. Idea en la que desarrolló su talento Carlos Raúl Villanueva.

    Aunque el medio nacional entre 1945 y 1958 expresó avances y retrocesos políticos contrastantes, la dinámica universitaria no se detuvo, ni siquiera con el paréntesis oscuro de la dictadura militar del Gral. Pérez Jiménez, aunque ya el centro principal de la política nacional universitaria ya no era solamente la UCV, sino que los ucevistas sí estaban presentes en todas las instancias de la nación, en todos los gabinetes de gobierno desde 1958 hasta 2017, en todos los estados y municipios, en todas las universidades públicas y privadas que directa o indirectamente son herederas de la UCV, en todos los partidos y tendencias políticas, en toda la prensa escrita y audiovisual. En suma, el sistema universitario venezolano y principalmente la UCV cuentan con la tradición y medios académicos acumulados por tres siglos de historia para aportar elementos constructivos hacia la superación de los grandes problemas nacionales, tanto en el sentido político para salir de la crisis de gobernabilidad que nos aqueja desde la década de 1990, como en el terreno de las gravísimas amenazas que nos apuntan desde el campo energético, ambiental, alimentario, de salud, habitacional y de la seguridad interna y externa. Tarde o temprano, como en 1810, 1889, 1928 y 1958, una nueva generación cívica y universitaria asumirá el reto que le corresponde.











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